Una vez seleccionadas, son colocadas en tierra y comienzan su proceso de muerte y resurrección, ya no son las semillas perfectas que el agricultor escogió, comienzan a abultarse porque su contenido no cabe en ellas, sufren presión y germinan.
Este es el primer colador debido a que algunas de las semillas jamás germinarán, sino que morirán.
Al germinar, es la primera vez que el agricultor puede ver el resultado de su trabajo, es un pequeño paso del largo camino que les resta, pero lo llena de complacencia y las estudia detenidamente para darles el tratamiento adecuado y que continúen con su crecimiento.
No es una planta completa, no es una semilla y ya comienza a enfrentar las condiciones climáticas, los posibles depredadores y comienza a luchar contra su fragilidad.
Los días pasan y los cuidados del agricultor hacen más llevadera su, hasta ahora, corta existencia. Ya no son embriones, ya son plantas, pero aún no lo suficientemente maduras como para dar frutos. En algunos casos tardarán años.
Ya no son presa de depredadores, pero no están lo suficientemente afianzadas como para que un temporal no las desarraigue.
Mientras, su cuidador las poda, riega y nutre en los momentos adecuados a cada una de ellas.
Aún así, muchas no resistirán el crudo sol, las lluvias torrenciales, los vientos fuertes y morirán. Otro colador en el camino.
El tiempo pasa y ya alcanzan su madurez, no ha sido un camino para nada fácil, pero están aquí, listas, ya es hora de florecer para dar frutos.
En este momento, una que otra planta descubre que es estéril, no dará fruto, tras su fútil esfuerzo no alcanzarán a producir. Otro colador.
Los frutos comienzan a ser visibles, a llenar las ramas y siguen pariendo más y más. Si el agricultor las deja tal cual, la planta podría colapsar, por tanto comienza el raleo o aclareo de frutos en el que se le retiran frutos innecesarios o de menor calidad para que los restantes puedan tener la mayor cantidad de savia y espacio necesarios para ser frutos perfectos, los frutos a permanecer son elegidos cuidadósamente para cada planta, no hay lugar para errores. Un colador más.
Llegada la recta final, el agricultor mira los frutos colgados de sus árboles, está complacido. Alcanzar el punto de maduración correcto es cuestión de un corto tiempo. Pero los árboles se enfrentan a nuevos adversarios, las aves y depredadores que comprometerían la integridad del fruto. Dependen enteramente del cuidado del agricultor. Último colador.
Llegó la hora de la cosecha y el agricultor se apresta a retirar los frutos, el arduo trabajo a rendido resultados más que satisfactorios. Qué placer da observar dichos frutos, y su sabor... dulces como la miel. ¡Extraordinario! Son irrepetibles, cada uno con su cuerpo y aroma perfectamente balanceados.
Las plantas ahora seguirán dando frutos a su tiempo correcto y el agricultor las cuidará y guardará toda su vida. El viento correrá por sus hojas y su sonido dará gloria y honra a su creador, seguirán siendo podadas, alimentadas y cuidadas en cada proceso hasta el fin de sus días y serán ejemplo de perfección para todo aquel que mire el campo.
Este eres tú. Tú eres ese árbol y Dios es tu agricultor. ¿Has entendido el proceso por el cual estás pasando? ¿Entiendes que el propósito del Padre es llevarte a dar fruto que permanezca? ¿Sabes que resistirte al proceso acabará echando por la borda tu vida? ¿A caso puedes ver lo que Dios quiere lograr contigo?
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
S.Juan 15:16 Reina-Valera 1960 (RVR60)
Luis Acosta. -