jueves, 22 de mayo de 2014

La corrección.

"Corrige al sabio y lo harás más sabio, corrige al necio y lo harás tu enemigo."

Todos nos encontramos hoy en día con frases llenas de supuesta sabiduría, proverbios y lineamientos de vida. 

Pero muchos de ellos son sólo medias verdades, son productos de vidas desviadas o son consecuencia del momento que atraviesa el autor, que no necesariamente es una verdad universal. 

Ahora, hay otros que sí son verdades universales. Frases inteligentes que nos harán mejores seres humanos. Un ejemplo acertado es la que descansa en la primera línea de esta reflexión. No sé quién sea su autor, pero lo que abarca es una gran verdad y por eso la escogí para tocar ciertos puntos.

Lo primero que quiero resaltar de la frase es "la corrección". La persona que corrige debe hacerlo de la manera adecuada y en el momento preciso. La manera adecuada de hacerlo nos la enseña la biblia. Siempre que alguien sabio corregía, resaltaba cualidades positivas de quien recibía la corrección, luego señalaba el aspecto a corregir y terminaba aportando soluciones que consideraba válidas para mejorar o enmendar la acción o hecho que señalaba como incorrecto. Todo esto en el marco del lugar y momento oportunos. 

*Es importante saber que no siempre la persona puede considerarse equivocada en la manera que nosotros lo miramos desde fuera y por eso es probable que tome nuestra corrección como no válida.*

¡Bien! Habiendo aprendido esto, la frase en general nos deja algunas preguntas.

¿Cómo diferencio un sabio de un necio? ¿Debo yo corregir al necio aún sabiéndolo necio? ¿Qué hacer si la corrección fue adecuada y de todas maneras la persona me toma mala voluntad? ¿Será mejor callar cuando veo algo que está mal pero no es de mi incumbencia? ¿Es tan importante la corrección como para hacerlo aunque me gane un enemigo?

Todas preguntas valederas. Pero para cada situación que enfrentemos ellas tendrán respuestas diferentes, así que los primeros sabios y entendidos debemos ser nosotros para comportarnos de manera apropiada y hacer lo correcto. Ya sea callar o corregir. También, de ser posible, buscar consejo de líderes o personas que consideremos sabias o entendidas en la materia y así responder con perspectiva más amplia las preguntas y tomar la decisión de accionar o no.

¿Y si soy yo el corregido?

Si somos nosotros los corregidos debemos permanecer calmados, escuchar atentamente lo que se nos corrige y agradecer la corrección, aunque no la consideremos válida. Si no creemos que nos sirve, declinarla amablemente y seguir nuestro camino como consideremos apropiado. Esta es la manera sabia de recibir las correcciones.

Y recordemos que tanto para corregir, como para aceptar las correcciones (válidas o no) debemos ser sumamente sabios y prudentes.

Ofender o darse por ofendido sólo trae problemas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario