jueves, 1 de mayo de 2014

Un balance perfecto.

Fácil ver a mi generación enfrascada en conseguir más dinero, verlos luchando por mejoría, por llevar una vida más acomodada y es totalmente válido.

Pero pensando en esto me surgieron preguntas para las que busqué respuestas y aquí se las dejo.

Todos sabemos que la única manera en la que podemos obtener una vida más cómoda, nuestra independencia del seno paterno y ser autosuficientes es a través del dinero.

Pero muchos nos centramos tanto en obtenerlo que olvidamos las cosas que son verdaderamente importantes. Como nuestra relación con Dios, la familia, los amigos, la vida que se supone vivimos y disfrutamos. Olvidamos que necesitamos descanso, tiempo libre, realizar otras actividades, ser útiles a alguien más...

Entonces, ¿Cómo saber cuando llegamos al punto de la avaricia?

¿Cómo diferenciar un esfuerzo necesario de uno impulsado sólo por el deseo de tener más?

¡Fácil!

Revisa cual es tu enfoque, cuáles son tus prioridades, en qué está tu mente puesta.

Les comparto la siguiente frase que profundiza la idea:

"Cuando alguien tiene su enfoque en las cosas pasajeras es la primera señal que nos muestra que el amor del Padre no gobierna su vida."
-Jasser Rivas.-

En nuestra vida debe gobernar el amor de Dios y no el amor al dinero, a las posesiones, el lujo y la buena vida.

Estas, mis queridos, son añadiduras y no deben ser consideradas el propósito por el cual estamos aquí.

Dios desea que disfrutemos de todo lo que nos rodea y demos gloria a su nombre por la bendición de poder disfrutarlo.

Todo se resume en un balance entre el esfuerzo por mejorar nuestro estatus económico, el disfrute de los frutos obtenidos y los regalos del Padre.

Todo radica en un balance perfecto.

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