jueves, 12 de junio de 2014

Sólo porque eres mío.


La reflexión de hoy es un poco más extensa de lo acostumbrado pero te aseguro que vale la pena tomarse el tiempo de leerla completa.

Aquí veremos una madre de un niño con Síndrome de Down que te contará parte de su historia y la enseñanza que Dios le dio a través de ella, la cual titularemos:


Sólo porque eres mío.

*Pero antes de comenzar... Cuando leas el verso seleccionado, del cual se extrajo la enseñanza, en vez de decir Jacob o Israel, como esta escrito, léelo en voz alta diciendo tu nombre.*

Pero ahora, así dice el Señor,
el que te creó, *Jacob*, el que te formó, *Israel*: «No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío.
- Isaías 43:1

Y así comienza nuestra historia...

Mayson podía cantar una canción con gran placer:

Jesús me ama.

«Jesús me ama, yo lo sé, pues la Biblia dice así. Los más pequeños le pertenecen, son débiles, pero él es fuerte. »

Tiraba la cabeza hacia atrás y se mantenía en el primer "sé" del coro lo más que podía, y entonces se hacía cosquillas hasta casi caerse de la silla.

A veces - cuando pienso en esos días que parecen hace mucho tiempo - todavía lo puedo oír reír. Qué especial es ese recuerdo para mí. . .

Nunca dudé por un momento que Jesús amara a nuestro pequeño niño con Síndrome de Down. No importaba que no se sentara con los niños en la parte posterior de la iglesia y, en una noche especial, caminara por el pasillo a tomar el pastor de la mano e invitar a Jesús en su corazón. Era irrelevante que no pudiera citar un solo versículo de la Biblia, que nunca fuera capaz de razonar o comprender el amor de Dios, que nunca se convirtiera en padre - Yo sabía que Jesús amaba a Mayson.

Lo que no podía comprender, lo que no podía aceptar, era que Jesús pudiera amar a la madre de Mason, a mí. Yo creía que para que cualquiera me aceptara, me amara, tenía que fingir ser de cierta manera, actuar como ellos esperarían que yo actuara. Mi estándar de vida para conseguir el amor estaba basado en cómo desempeñara mi papel, por lo que actuaba constantemente a la perfección.

Estaba convencida de que si alguien realmente me conocía, no les gustaría.

Mayson nunca podría haber pretendido ser quien no era por el amor de nadie. . . pero, ¡oh, cómo lo amábamos! Su estado se deterioró con el tiempo a tal grado - y tan rápidamente - que tuvimos que institucionalizarlo, cuando era muy joven, por lo que lo inscribimos en la Escuela Estatal de Enid para niños con discapacidad mental.

Viajábamos en carro con regularidad los 120 kilómetros para verlo, pero en este particular fin de semana estaba en casa de visita. Había estado con nosotros desde el jueves por la noche, y ahora era sábado por la tarde. Tan pronto como los platos de la cena estuvieran limpios, iría recoger sus cosas y a llevarlo de regreso a su casa. Lo había hecho muchas veces antes, pero hoy Dios tenía algo en mente que iba a cambiar mi vida para siempre.

Mientras lavaba los platos, Mason estaba sentado en su silla observándome, o por lo menos me estaba mirando. Fue entonces cuando comenzó - emociones girando, cayendo al estómago, pensamientos enfermizos de separación familiar y derrota: En tan sólo unos minutos, voy a comenzar a empacar los juguetes de Mayson y su ropa, y lo llevaré de vuelta. No puedo hacer eso. Simplemente no puedo hacerlo. Dejé de lavar los platos y me puse de rodillas delante de Mayson. Tomé su mano pequeña y sucia en la mía y traté desesperadamente de que me entendiera.

"Mayson, Te amo. Te amo!. Si tan sólo pudieras entender cuánto Te amo."

Él se quedó mirando. No podía entender, él no comprendía. Me puse de pie y comencé a lavar los platos una vez más, pero eso no duró mucho. Este sentido de urgencia, casi de pánico, se apoderó de mí, y una vez más, me sequé las manos y me arrodillé frente a mi niño precioso.

"Mi querido Mayson, si tan solo pudieras decirme, 'Te amo, mamá." Lo necesito Mayson."

Nada.

Me puse de pie en el fregadero de nuevo. Más platos, más lavado, más llanto. Pero ahora pensamientos ajenos a mi manera de pensar comenzaron a filtrarse en mi conciencia. Yo creo que Dios me habló ese día, y esto es lo que dijo:

"Anabel, no miras a tu hijo con repugnancia porque está allí sentado con la saliva saliendo de la boca, no agitas la cabeza en rechazo porque tiene parte de la cena en toda su camisa o porque está sentado con un pañal sucio, oliendo mal cuando debería ser capaz de cuidar de sí mismo. Anabel, no rechazas a Mayson porque todos los sueños que tenías para él han sido destruidos. No lo rechazas porque no finge ser quien no es para ti. Lo amas, Anabel, sólo porque es tuyo. Mason no rechaza intencionalmente tu amor, pero tu deliberadamente rechazas el mio. Te amo, Anabel, no porque seas atractiva o no, no porque haces las cosas bien, no porque finges ser alguien mas para mí - Te amo porque eres mía."

¡Increíble! Yo había luchado durante tantos años, odiando a mis patrones de comportamiento, y sin embargo viviendo para llevarlos a cabo, impulsada a ser quien no era, buscando el aprecio de la gente y la sed de amor de Dios que pensé que podría llegar sólo si fingía suficientemente bien como para merecerla. Sin embargo, Dios me había mostrado que Él me amaba a pesar de cualquier cosa, y me lo había mostrado de una manera que yo pudiera entender - a través de mi dulce y querido Mayson.

***

Querido lector. ¿Realmente entiendes? Tú no tienes que hacer nada por él, no tienes que ser algo para él. Debes saber que hay alguien que te ama no por la forma en que te ves, o por los talentos que tienes o no tienes. Todo lo que tienes que hacer es aceptar que:

Él te ama simplemente porque eres SUYO.

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