miércoles, 13 de abril de 2016

Dios siempre estará ahí para nosotros.

--Juan 9:2-3 (NVI)
2 Y sus discípulos le preguntaron: 
-Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? 3 -Ni él pecó, ni sus padres -respondió Jesús-, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.


***

Una creencia común en la cultura judía era que la calamidad o sufrimiento era el resultado de un gran pecado.

Sin embargo, Cristo usó el sufrimiento de este hombre para enseñar sobre la fe y para glorificar a Dios.

Vivimos en un mundo caído donde el buen comportamiento no siempre es recompensado, y el mal comportamiento no es castigado siempre.

Por lo tanto, personas inocentes sufren de cuando en vez.

Si Dios quitara el sufrimiento de nosotros cada vez que le pidiéramos, le seguiríamos únicamente por la comodidad y la conveniencia, no por amor y devoción.

Independientemente de las razones de nuestro sufrimiento, Jesús tiene el poder para ayudarnos a lidiar con eso.

Cuando sufres de una enfermedad, te sucede alguna tragedia o discapacidad, te ves envuelto en algún problema económico o de alguna otra índole; no se trata de preguntar, "¿Por qué me pasó esto a mí?" o "¿Qué hice mal?"

En su lugar, pídele a Dios que te de fortaleza para el juicio y una perspectiva más clara de lo que está sucediendo.

Dios siempre estará ahí para nosotros, aunque no sea de la forma que endendemos que debe estar. 

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