Pero antes de que me crucifiques (porque sé que en este punto ya hay muchos enojados) lee todo lo que tengo que decir. Estoy seguro de que convenceré a más de uno al final.
Sí, no somos iguales. Mujeres y hombres somos muy distintos en naturaleza física, cognitiva y de personalidad; con fortalezas y debilidades muy distintas, a pesar de las muchas similitudes.
Y es por eso que ahora te presento el concepto de "equidad de género". En vez de recibir un trato igualitario, que en muchos casos puede ser injusto en extremo, sería mejor recibir un trato equitativo.
Para entender lo que arriba describo debemos adentrarnos en las definiciones de "igualdad" y "equidad" que son conceptos cercanos, pero diferentes en su fin.
La igualdad es el principio que reconoce una equiparación en cuanto a derechos y obligaciones de las diferentes partes que conforman un todo. Esto, visto de manera simple, se estima correcto. Pero es que, en otras palabras, el concepto de igualdad lo que sostiene es que no somos individuos, sino partes de un todo y le asigna al "TODO" iguales derechos y obligaciones, lo que nos lleva a una equivalencia desproporcionada.
Un ejemplo de esto en República Dominicana está en los partidos políticos donde se deja de lado la capacidad y la preparación de sus mujeres para asignarle un puesto de trabajo o estatus en el partido porque la ley le exige una cuota de participación femenina que se debe cumplir. Esto se hizo con las mejores intenciones buscando la igualdad, pero lo que hace es meterlas en un mismo traje a todas asignándoles lugares por dicha cuota hasta cumplir con los requisitos de la ley sin mirar desempeño ni merecimiento. Una vez cumplido dicho requisito, favorece claramente al hombre puesto que les deja campo abierto a ocupar esos espacios que, si fuera a través de la meritocracia, muy bien podría ocupar otra mujer. Entonces... las ayuda cuando el margen es bajo asegurando su participación, pero una vez alcanzado el margen tope, las perjudica.
Por su parte la equidad es repartir a cada uno lo que necesita y merece, no más, no menos. Involucra el trato igualitario tomando en cuenta las diferencias de cada individuo y respetando cada una de ellas. Una repartición de deberes y beneficios basado en la meritocracia, demandando más a quien más posee y entregando más a quien más merece. ¿No te suena esto bíblico? ¿Acaso no te recuerda la parábola de los talentos?
¿Por qué la mujer querría devengar el mismo sueldo que devenga un hombre para el mismo puesto estando ella mejor preparada? ¿No sería lo correcto que ganara un mejor salario?
En otras palabras, la equidad se venda los ojos y cumple con los beneficios merecidos por los individuos a la vez que les demanda de acuerdo a su capacidad, además de compensar la debilidad de cada uno.
En resumen final, la igualdad de género es la meta por la que muchos grupos se esfuerzan. Es el principio que asegura que hombre y mujer son iguales y tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones. La igualdad de género lucha por que las mujeres puedan superar el rezago educativo y laboral que existe a nivel mundial. En cambio, la equidad de género busca un trato imparcial entre hombres y mujeres, en el que, antes que todo, se tomen en cuenta sus necesidades específicas. Dentro de la equidad de género puede existir un trato desigual y proporcional, un reparto equivalente para cada hombre o mujer de acuerdo con sus necesidades, capacidades y posibilidades.
Leyendo esto. ¿No te parece que deberíamos dejar de propugnar la igualdad y comenzar la lucha por la equidad?
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