La preeminencia del amor.
1 Corintios 13:1-8 Reina-Valera 1960 (RVR60)
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser;...
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Habiendo leído esto sabemos que hemos encontrado la definición exacta de lo que es el amor.
Jamás he visto a una persona que demuestre más empatía y más amor sincero que un niño, y esto lo demuestra la siguiente historia que les cuento:
Una pareja de esposos jóvenes tenía un hijo de 4 años y eran vecinos de una familia de vejitos que se habían encariñado de la familia joven, más que todo por lo amoroso que el niño era.
Un día, al despertar, el niño se encuentra con su madre parada en la ventana mirando fijamente hacia el patio de la pareja de ancianos. La señora había muerto, y él destrozado, entre sollozos, con su mirada perdida pasaba el duro momento sentado en un banco del patio.
El niño le pregunta a la madre qué le pasa a su vecino, y ella no sabiendo como explicarle, le dice que tal vez no se siente bien.
Perdiendo a su niño de vista sigue mirando por la ventana y se da cuenta que su niño va caminando hacia el anciano.
El niño se sienta al lado del señor y con sus cortos bracitos intenta rodear lo más que puede a su vecino y en esa posición pasan un largo rato.
La madre, aún atónita, no se atrevió a interrumpir aquel momento.
Pero luego que el niño regresó a su casa se dirigió a él y le preguntó qué le había dicho al señor, a lo que el niño contestó:
-Nada. Sólo lo ayudé a llorar...
¿Cuántos de nosotros podemos tener esta clase de amor y empatía para con nuestro prójimo?
¿Cuántos entendemos que la manera más pura de expresión del amor no son las palabras? Es estar ahí para quien nos necesite, por todo el tiempo que nos necesite, sólo estar.