Como cada mañana, muy temprano el estanque de Siloé se volvía un área muy concurrida por necesitados, enfermos, discapacitados y todo aquel que necesitara un milagro; pues cuenta la historia que de cuando en vez, descendía del cielo un enviado, agitaba las aguas del estanque y quien primero entraba en ellas recibía el milagro que deseaba.
Podrán imaginar entonces el cúmulo de personas que transitaban el lugar por curiosidad o quienes se posaban lo más cercano al estanque posible.
Pero nuestra historia se enfoca en un ciego de nacimento llamado Bartimeo que mendigaba en las cercanías de aquel estanque.
Bartimeo era ya de los que se habían resignado a pasar su vida viviendo de las limosnas que conseguía pidiendo en las cercanías pues, al ser ciego, no veía descender al enviado y siempre perdía la oportunidad de ser el primero en zambullirse luego de agitadas las aguas.
Bartimeo era muy conocido entre las personas que transitaban aquellos lares porque posaba allí desde niño.
-Mardoqueo. ¿Qué es tanto alboroto? Pregunta Bartimeo. Mardoqueo era el amigo fiel y vecino de limosna de Bartimeo, se conocían de la infancia y era quien describía a Bartimeo, en todo momento, lo que sucedía en el lugar. Además de compartir sus beneficios y ayudarse entre sí. Eran inseparables.
-No lo sé Bartimeo, pero de la sinagoga ha salido un hombre que le rodea una multitud, ha de ser famoso. Responde Mardoqueo. -Iré a averiguar y regreso en seguida.
De las pocas veces que se separaron Mardoqueo y Bartimeo, esta era una de ellas. Y al estar Bartimeo posado tan cerca del camino, algunos de la multitud comenzaron a tropezar con él.
-¿Qué sucede? ¿Qué está pasando? Repetía angustiosamente una y otra vez Bartimeo, pero la multitud lo ignoraba.
-Alguien por favor que me ayude y me diga lo que sucede. Grita desesperado Bartimeo poniéndose en pié.
-Señor, permítame ayudarle. Le dice un niño que pasaba.
Al asirse a las manos del pequeño, suplica. - Niño, te suplico me digas qué es lo que pasa.
A lo que el chico responde. -¿No lo sabe? Es Jesús quien pasa.
Un salto repentino dió el corazón de Bartimeo al escuchar ese nombre.
-¡Oh por Dios! Decía para sí. -¡Si es el Maestro! El único que he escuchado que hace milagros fuera del estanque.
Mientras el niño trataba de arrastrarlo fuera de la multitud que los atropellaba, parte de sus discípulos que los vieron preguntaron a Jesús:
-Maestro. ¿Quién tiene la culpa de que este joven haya nacido ciego? ¿Fue por algo malo que hizo él mismo o por algo malo que hicieron sus padres?
A lo que Jesús respondió:
-Ni él, ni sus padres tienen la culpa. Nació así para que ustedes vean cómo el poder de Dios lo sana. Mientras yo esté con ustedes, hagamos el trabajo que Dios mi padre me mandó a hacer; vendrá el momento en que ya nadie podrá trabajar. Miantras yo estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Acto seguido Jesús se acerca a Bartimeo quien puede sentir su presencia y permanece inmóvil, igual que el niño que intentaba ayudarlo.
El Maestro se agacha frante a él, escupe en la tierra y comienza a mazclar hasta convertirla en lodo, se levanta y coloca el amasijo en cada ojo de Bartimeo y le dice: -Ve al estanque de Siloé y lávate los ojos. Y siguió su camino.
El jovenzuelo ayudó a Bartimeo a llegar al estanque e hizo lo que Jesús le había mandado. Al hacerlo comenzó a sentir un calor en el rostro, la oscuridad comenzó a desvanecerse. Unos bultos extraños de colores hacían flashes momentáneos y cada vez percibía más luz, las siluetas comenzaban a distinguirse y Bartimeo permanecía de pié en el estanque.
¡Al fin! A la primera persona que mira es al joven que le ayudó y exitado grita: -¡Puedo ver! ¡PUEDO VER!
Sostiene al chico de los hombros, las risas no paraban, saltos de alegría y gritos de felicidad. -¡Puedo ver!
En ese momento, todo el que le había visto se preguntaba si este era el joven que se sentaba a pedir dinero todos los días. A lo que unos respondían que sí y otros lo negaban, aunque con duda por su parecido.
Mardoqueo, que tenía tiempo buscando a Bartimeo, llaga al lugar y se une a la celebración. Confirmando así que este era su amigo inseparable.
¡Soy yo! ¿No lo ven? ¡Yo era el ciego, pero ahora veo!
***
Cuántas enseñanzas nos deja esta historia...
La primera es que ya no debemos esperar a que un enviado mueva el estanque para ser transformados. Jesús puede cambiar tu vida en cualquier instante, sólo debes estar dispuesto y disponible. No es necesario esperar retiros o campañas, actividades, vigilias, jornadas de oración o ayuno. Dios puede cambiarte hoy, ahora.
La segunda y una de las más importantes es que necesitamos el ADN de Cristo en nosotros para ser transformados puesto que no es con nuestras fuerzas. Por eso el vehículo que utilizó Jesús para pasarle su ADN y reconectarlo con la vid fue la saliva, y al mezclarla con la tierra amasó barro. La fuente de nuestro físico, de donde nos creó Dios.
La tercera es que al cambiar, aunque seguimos teniendo el mismo físico, no nos veremos, ni nos comportaremos, ni seremos igual que antes. Y eso todos lo notarán.
Y la cuarta es que si somos la imagen de Cristo y entre tanto que estuvo en el mundo fue la luz del mundo, nosotros debemos también ser luz mientras estemos aquí.
-¡Oh por Dios! Decía para sí. -¡Si es el Maestro! El único que he escuchado que hace milagros fuera del estanque.
Mientras el niño trataba de arrastrarlo fuera de la multitud que los atropellaba, parte de sus discípulos que los vieron preguntaron a Jesús:
-Maestro. ¿Quién tiene la culpa de que este joven haya nacido ciego? ¿Fue por algo malo que hizo él mismo o por algo malo que hicieron sus padres?
A lo que Jesús respondió:
-Ni él, ni sus padres tienen la culpa. Nació así para que ustedes vean cómo el poder de Dios lo sana. Mientras yo esté con ustedes, hagamos el trabajo que Dios mi padre me mandó a hacer; vendrá el momento en que ya nadie podrá trabajar. Miantras yo estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Acto seguido Jesús se acerca a Bartimeo quien puede sentir su presencia y permanece inmóvil, igual que el niño que intentaba ayudarlo.
El Maestro se agacha frante a él, escupe en la tierra y comienza a mazclar hasta convertirla en lodo, se levanta y coloca el amasijo en cada ojo de Bartimeo y le dice: -Ve al estanque de Siloé y lávate los ojos. Y siguió su camino.
El jovenzuelo ayudó a Bartimeo a llegar al estanque e hizo lo que Jesús le había mandado. Al hacerlo comenzó a sentir un calor en el rostro, la oscuridad comenzó a desvanecerse. Unos bultos extraños de colores hacían flashes momentáneos y cada vez percibía más luz, las siluetas comenzaban a distinguirse y Bartimeo permanecía de pié en el estanque.
¡Al fin! A la primera persona que mira es al joven que le ayudó y exitado grita: -¡Puedo ver! ¡PUEDO VER!
Sostiene al chico de los hombros, las risas no paraban, saltos de alegría y gritos de felicidad. -¡Puedo ver!
En ese momento, todo el que le había visto se preguntaba si este era el joven que se sentaba a pedir dinero todos los días. A lo que unos respondían que sí y otros lo negaban, aunque con duda por su parecido.
Mardoqueo, que tenía tiempo buscando a Bartimeo, llaga al lugar y se une a la celebración. Confirmando así que este era su amigo inseparable.
¡Soy yo! ¿No lo ven? ¡Yo era el ciego, pero ahora veo!
***
Cuántas enseñanzas nos deja esta historia...
La primera es que ya no debemos esperar a que un enviado mueva el estanque para ser transformados. Jesús puede cambiar tu vida en cualquier instante, sólo debes estar dispuesto y disponible. No es necesario esperar retiros o campañas, actividades, vigilias, jornadas de oración o ayuno. Dios puede cambiarte hoy, ahora.
La segunda y una de las más importantes es que necesitamos el ADN de Cristo en nosotros para ser transformados puesto que no es con nuestras fuerzas. Por eso el vehículo que utilizó Jesús para pasarle su ADN y reconectarlo con la vid fue la saliva, y al mezclarla con la tierra amasó barro. La fuente de nuestro físico, de donde nos creó Dios.
La tercera es que al cambiar, aunque seguimos teniendo el mismo físico, no nos veremos, ni nos comportaremos, ni seremos igual que antes. Y eso todos lo notarán.
Y la cuarta es que si somos la imagen de Cristo y entre tanto que estuvo en el mundo fue la luz del mundo, nosotros debemos también ser luz mientras estemos aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario