jueves, 21 de abril de 2016

Vasos de honra.

...¿Puedes imaginar que ordenas una pizza y que el repartidor se presente frente a tu puerta con tu orden, pero sin caja?


Cierra los ojos e imagina al repartidor con la pizza en la mano, toda retorcida, el queso y la grasa chorreando por su antebrazo, su ropa y cayendo en todo el piso...

Lo peor de toda esta escena es que no sabes dónde estuvo su mano, ni qué ha estado haciendo en todo el día. 

¿Lo puedes imaginar? 

Parado frente a ti diciendo: "Aquí está la pizza que ordenó."

La reacción inmediata sería preguntar por la caja... ¿No? Porque esperábamos que el producto viniera en un envase. Es lo normal. 

Pero aquí está el asunto, la caja en la que vienen las pizzas sólo cuestan 39 centavos de dólar  (un estimado de 18 pesos dominicanos).

En sí misma no tiene mucho valor, pero adquiere un valor más allá del suyo propio por lo que se le coloca dentro. En otras palabras, la caja no le da valor al producto, sino que el producto le añade valor a la caja.

Lo que quiero que entiendas con esta analogía es que somos sólo un vaso donde Cristo se deposita, así que no debiéramos llenarnos de orgullo cuando Dios comienza a usarnos, porque somos como una caja de 39 centavos de dólar. 

No tienes que ser grandioso o atractivo, o tener el carisma y el arrastre de una estrella de cine, no tienes que ser súper talentoso; sólo tienes que estar limpio y dispuesto. 

Si lo estás, Dios te dice hoy: "Si me das un vaso, yo te doy un milagro, te doy mi todo, te doy mi propósito, te doy mi voluntad por tu vida."

Jentezen Franklin.
Kingdom Connection.

No hay comentarios:

Publicar un comentario