Pero lo que realmente se siente es más complicado, les cuento:
Lo primero que se siente es un frío en el estómago mezclado con felicidad al escuchar la noticia de que tu esposa está embarazada, luego comienzan los preparativos para recibir esa personita que no puedes ver, todo aquello que gastabas en ti ahora tiene otro dueño y lo haces con la misma satisfacción que si fuera para ti, no sabes cuál será su sexo o si se parecerá a ti o no, pero sabes que dentro de nueve meses le verás.
Con el paso del tiempo la ansiedad va creciendo junto al vientre, las molestias y los dolores. Como hombre, no padeces físicamente, pero el no poder hacer nada para aliviar el estado de tu pareja es inquietante y desesperanzador, sólo te consuela que el fin será hermoso.
En los últimos meses y días intensificas los preparativos para recibir a tu retoño que, aunque no lo conoces, ya tienes pinceladas de sus rasgos y sabes su sexo. (Gloria a Dios por la tecnología).
Las noches de descanso comienzan a ser interrumpidas por la incomodidad y los nervios de que cada instante podría ser "el instante", ya la desesperación es incontrolable y el deseo de ver su carita es más grande que el hambre o el sueño.
Y de repente, el día menos esperado, las alarmas encienden... ¡Es hora de correr! No sabes si estás feliz o nervioso, impotente al ver tu compañera en tal sufrimiento y deseoso de que termine pronto.
¡Ya viene en camino! El tiempo se vuelve eternidad en una sala de espera.
-¿Es usted el papá? -Sí. -¡Felicidades! acompáñeme por favor.
Los pasos se hacen kilómetros, la garganta seca, la adrenalina sustituye la sangre y todo se vuelve lento.
...Entonces ves su carita por primera vez, todo inflamado y aún sin arreglar, pero es la personita más hermosa que han visto tus ojos, pierdes la visión periférica porque nada más importa, es increíble verte retratado en un ser de tan diminutas dimensiones. La primera mirada es el momento preciso en el que mueren de golpe tus sueños de grandeza y nacen los sueños de grandeza para él, quieres que sea el mejor, que en todo lo que emprenda en su vida sea ejemplo, que sea el número uno.
Perdido en esos pensamientos hermosos y sueños de que lo ves triunfar, entonces te embiste la realidad. ¿Qué voy a hacer ahora...? ¡Si yo nunca he estado con un niño por más de diez minutos! Este es mío y no puedo devolverlo a nadie. ¿Cómo cuido de él? No sé nada sobre recién nacidos, he leído mucho sí, pero la práctica es nula y todos opinan algo distinto, no hay un manual exacto, mirarlo indefenso e inocente ante el mundo te causa ansias. ¡Oh Dios!...
¿Y yo? Seré su ejemplo, una persona tan imperfecta, nacen esos deseos de comenzar a cambiar toda tu vida antes de que pueda tener conciencia, quieres que te admire, ser su héroe, su apoyo, quieres saberlo todo, pero no que te crea un sabelotodo.
Es abrumador todo esto, todo nuevo, sin manual... Lo escuchas llorar... -Papá ya es hora de salir, volverá a verlo muy pronto.
Sólo lo has visto unos minutos, pero irte de ese lugar y dejarlo con desconocidos te desgarra el corazón, no has dado el primer paso para irte y ya lo extrañas como si lo tuvieras de toda la vida.
-Señor, cuídamelo mucho, te lo entrego...
...Y al final, ¿Cuál era la pregunta? ¡Ah sí!
He dicho tanto y no he tocado ni un pequeño porcentaje de lo que se siente. No sé qué será de nuestras vidas, pero sé que Dios hará su voluntad, se lo he pedido y haré todo cuanto esté a mi alcance para parecerme a Cristo, sólo por si a él le da con parecerse a mí. Sé que con Dios primero y el esfuerzo que sea necesario para instuirlo en el camino correcto, juntos haremos un hombre de bien, un hombre que le sirva a Dios, le honre y viva para Él.
6 Instruye al niño en su camino,
Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Luis Acosta.
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