jueves, 6 de febrero de 2014

La música es mi pasión.

Muchos de los que me conocen saben de mi amor por las artes plásticas, saben que es algo que disfruto inmensamente y que he dedicado gran parte de mi vida a ella en algunas de sus ramificaciones.

La fotografía, por ejemplo, ese poder de capturar la verdadera esencia de un momento y eternizarlo es una sensación maravillosa, o el dibujo al poder reproducir cosas que conoces pero de la manera en que lo ves o lo sueñas. ¡Magnífico!

Pero sobre todas ellas hubo una que me cautivó, conquistó mi corazón y se hizo parte esencial de mi vida a tal punto que sin ella mi día estaría incompleto, sería como si me faltara un órgano vital.

La música me acompaña a todas partes, en todo momento y en todas sus formas, cuando estoy triste busco a través de ella alivio, cuando estoy feliz es esa carga de energía por la cual me muevo, en mi soledad mi corazón palpita a su ritmo, cuando estoy enamorado me ragala sus rimas y versos... Amo escucharla, estudiarla, descubrirla, pero lo que más amo de todo es el poder tocarla. Hacer música me hace feliz.

Para mí, su momento máximo lo alcanza cuando puedo adorar a Dios a través de sus notas y acordes, cuando puedo sacar de mis adentros todo lo que tengo y agregarlo a las melodías nacidas de mis manos.

Eso es un milagro que he agradecido y agradeceré mientras haya un suspiro en mí.

Está de más decir que seguirá ocupando un lugar especial en mi corazón por siempre y que la llevaré como el arma que dispara mis sentimientos y pensamientos en los momentos duros, en los alegres, cuando esté rodeado de personas o en mi soledad.

No sé si pueda explicar lo que ella significa para mí con palabras, pero trataré de hacerlo con las mejores que me regala el idioma para que traten de entenderlo.

"La música es mi pasión."

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