¡JA! Si es que nunca te he tenido.
¿Pero qué me habré creído?
Mas alberga mi alma una esperanza de que nada se haya perdido, sino que esté dormido a la sombra de un olvido.
De lo que sí estoy seguro es que, de ser así, no ha podido seducirla, porque ella habita entre mis sueños y el recuerdo que me regalaste un día.
Dulce dolor que me apuñala y me acaricia.
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