jueves, 20 de noviembre de 2014

Y ahora... ¿Quién podrá salvarnos?

Creo que es de conocimiento de todos la imagen de la joven que puso una botella de cerveza a su niña de dos años en la boca, le tomó una foto y la subió a sus redes sociales, celebrando el momento y alegando que no era nada y que su niña era una "chibirica".

Pude ser testigo de cómo (por día y medio) se encendieron los ánimos en las redes sociales, ya sea haciendo burla de esto o gritando "¡Crucifíquenla!" También pude ver cómo la fiscalía ejecutó contra ella para darle un "castigo ejemplar" por alegadamente haber violado la ley 136-03 en su artículo 44.

Y me van a perdonar porque yo pienso que eso no resuelve el problema. Sin querer excusarla a ella tampoco, eso retumbará en el vacío.

Lo único que me viene a la mente es "Si tan sólo ella, y todo el que le rodea, hubieran recibido una mejor educación."

No es cuestión gubernamental, de presupuesto, ni cuatro por ciento, ni veinte por ciento... Es una educación de valores que sólo puede recibirse a diario en su casa por una persona que ya los tenga sembrados en su seno.

La mala educación en el hogar se ha vuelto una espiral sin fin y en crecimiento, puesto que muchos padres de este tiempo no se quieren ocupar de su descendencia.

Mis padres no son millonarios, pero mi Creador me dio la gracia de recibir de ellos una educación, no valiosa en cuanto a dinero, sino en cuanto a la ética, la moral y valores como el amor, el respeto, el agradecimiento, la bondad, la dignidad, la generosidad, la honestidad, la humildad, la lealtad, la perseverancia, la prudencia, la responsabilidad, la solidaridad, la tolerancia y muchos otros. Eso es algo que no tendré nunca con qué retribuirles.

Lo que puedo hacer es pasarla a mis hijos y a todas aquellas personas que en algún momento tenga la oportunidad de influenciar en un periodo de mi vida.

Ni tú, ni yo somos mejores que nadie. Pero con la educación que se nos ha dado por gracia, podemos hacer la diferencia.

Pásala a los que te rodean y si uno solo se hace mejor persona, entonces dejaste tu marca en el mundo, tal como lo hicieron tus padres y los míos (héroes silentes).

Tal y como trataré de hacerlo yo.

Hagamos de este un país educado en ética y valores, más que en letras y ciencias, y les aseguro que triunfaremos en construir una sociedad mejor.

-.LAAJ.-

jueves, 6 de noviembre de 2014

El valor de lo que pierdes.

"Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde."
-Frase Popular. 

¿Alguna vez has escuchado a alguien decir esta frase? Yo la he escuchado una increíble cantidad de veces. 

Pero entendemos verdaderamente lo que dice hasta que pasamos por ello.

Todos conocemos (o intuimos) el valor del dinero. Así que les cuento esta pequeña anécdota:

En uno de mis días laborales salí con cierta cantidad de dinero en los bolsillos para cubrir los gastos de algunos pendientes. Fui resolviendo todas aquellas diligencias una a una y pagando lo que debía. 

Al llegar a mi último compromiso me di cuenta que de tanto sacar y entrar cosas en los bolsillos había perdido mil pesos. No se imaginan la impotencia que sentí en aquel momento, un flash de vacío y desesperación. Pero luego caí en la realidad de que los había perdido y comencé a pensar en todo lo que hubiera podido hacer con ellos, infinidad de cosas llegaron a mi mente, nunca habría imaginado lo eficiente que podrían llegar a ser esos mil "toletes".

Después de muuuuuchas horas buscando oficio a lo perdido, me di cuenta de que me estaba obsesionando y le pedí a Dios en voz audible que los encontrara alguien que en verdad los necesitara.

Y tantas veces que he derrochado otros mil (tululuses, tablas, rayas, cañones, lágrimas...) en tonterías sin darle la más mínima importancia.

Dios me ha dado el grandísimo privilegio de que perderlos no hiciera mella alguna en mi economía y su desenvolvimiento normal, pero me puse a pensar en las tantas cosas que uno posee y le da el mismo trato, cosas que van desde muy importantes hasta algunas que no nos podemos dar el lujo de perder.

Yo no sé cuales sean esas cosas para ti, lo que sí sé es que yo comencé a revisar mi vida para identificar las mías, no volver a dar por sentado que las tengo sino darle su valor y apreciarlas y cuidarlas por el tiempo que Dios me las permita tener. Así no tendré que lamentarme como lo hice en la anécdota previa.