viernes, 20 de noviembre de 2015

Los procesos que vivimos.

28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

                  --Romanos 8:28 Reina-Valera 1960 (RVR1960)


En estos días he tenido un reposo forzado, lo que me ha dado una gran cantidad de tiempo para pensar, mirar detenidamente y analizar muchas cosas.

Así he llegado a mirar y disfrutar la hermosura que se da en los países fríos al acercarse el invierno. De lo que les hablo no es otra cosa que del color de las hojas de los árboles. Es increíble ver lo hermoso del paisaje con el cambio de color, no sé si es porque no es costumbre mía verlas pues en mi país esas cosas no suceden, pero me trae un sentimiento de paz y tranquilidad y, en resumen, me encanta el otoño por esto.

Y analizando ya un poco los hechos, eso que encuentro tan hermoso no es más que la muerte parcial de un árbol. Es la manera que tiene la planta de sobrevivir al duro clima que se le avecina. Cortar el suministro a sus hojas y hacerlas morir para poder sustentarse sin desperdiciar, llegar a ver el fin del invierno y florecer de nuevo.

No soy un experto en vegetación, ni he visto planta que hable; pero imagino que todo proceso de irrigación interrumpido debe causarle alguna especie de dolor, y aunque no les doliera como tal, es un sacrificio invaluable el que hacen pues no tienen las hojas de más, sino que cumplen un propósito importante en la vida y desarrollo de la planta.

Eso lo comparo a nosotros al avecinarse tiempos difíciles y sacrificios. Muchos no nos preparamos para vivirlos, pero indefectiblemente nos sobrevendrán. La pregunta es ¿Cómo hacerlo?

Debemos cortar el suministro a todas esas cosas que consumen ese aceite esencial que necesita el Espíritu para permanecer encendido en nuestros corazones. Y hoy, más que nunca, afianzarnos bien en la roca que es nuestro Dios pues tiempos difíciles y confusos se nos han sobrevenido.

Pero que no les quepa duda alguna de que veremos el fin del invierno y podremos florecer de una manera distinta y mejor a la que hoy poseemos. No hay sacrificio que no sea recompensado a su debido tiempo.

Y otra cosa más... Viendo los árboles me di cuenta de que si permanecemos en el propósito de nuestro Padre aún en los tiempos duros, quizás nosotros no lo notemos, pero a la distacia nos veremos tan hermosos y coloridos como esos árboles.

Luis Acosta.-


sábado, 7 de noviembre de 2015

La analogía perfecta.


En el vientre de una madre se gestaban dos bebés. Un día, en una conversación que sostenían, discutían sobre la vida después del nacimiento. 

Uno de ellos preguntó al otro: ¿Crees en la vida después del nacimiento?

El otro respondió: Por supuesto. Tiene que haber algo después del nacimiento. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que seremos más tarde.

Tonterías, dijo el primero. No hay vida después del nacimiento. ¿Qué clase de vida sería?

El segundo dijo: Yo no lo sé, pero seguro habrá más luz que aquí. Tal vez vamos a caminar con las piernas y comer con nuestras bocas. Tal vez vamos a tener otros sentidos que no podemos entender ahora.

El primero respondió: Eso es absurdo. Caminar es imposible. Y... ¿Comer con la boca? ¡Ridículo! El cordón umbilical suministra todo lo que necesitamos y por él nos deshacemos de lo que no necesitamos. Sin él nuestra vida no es sustentable y es tan corto que, una vez fuera, no podremos seguir conectados a él. La vida después del nacimiento es un mito que no tiene lógica alguna.

El segundo insistió: Bueno, yo creo que hay algo y tal vez es diferente de lo que conocemos, tal vez no necesitaremos más este cordón conectado a nuestro cuerpo.

Tonterías el primero respondió de nuevo. Y además, si hay vida, entonces ¿por qué nadie ha regresado de allí? El nacimiento es el final de la vida, después de eso no hay nada más que oscuridad, silencio y olvido. No nos lleva a ninguna parte.

Bueno, no lo sé, dijo el segundo, pero desde luego nos reuniremos con Madre y ella cuidará de nosotros.

El primero respondió ¿Madre? ¿Realmente crees que exista la Madre? Eso es ridículo. Si la Madre existe entonces, ¿dónde está ahora?

 El segundo dijo: Ella está en todo lo que nos rodea. Estamos rodeados de ella. Nosotros somos de Ella. Es en Ella que vivimos. Sin Ella no sería y no podría existir este mundo.

Dijo el primero: Bueno, yo no la veo, así que es lógico decir que ella no existe. 

A lo que el segundo respondió: A veces, cuando estás en silencio y te enfocas y realmente escuchas, se puede percibir su presencia y se puede oír su voz cariñosa llamando desde arriba.

- Útmutató un Léleknek