--Santiago 1:19-20 (RVR60)
19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
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Cuando actuamos con ira somos impulsivos, hirientes, maliciosos y muchas otras cosas más.
Si herimos a alguien, queda como una marca permanente e imborrable, aún si nos perdonan.
Al actuar con ira, aunque tengamos razón, perdemos la objetividad pues el problema deja de ser la diferencia que afrontaban hasta ese instante y pasa a ser una lucha de egos y de quien pueda herir más.
Si al airarnos nos tomamos el momento de calmarnos y reaccionamos tranquilamente, exigiendo lo que queremos de manera mansa lograremos mucho más de lo que nos podemos imaginar.
Mi biblia dice en Proverbios 15:1 (RVR60)
1 La blanda respuesta quita la ira;
Mas la palabra áspera hace subir el furor.
Hay una historia muy bonita sobre este tema, les cuento:
Un padre que sufría mucho con su hijo por su ira y su impulsividad se le ocurrió una grandiosa idea.
El hijo entristecido le dice que quiere no ser tan impulsivo y dejar de reaccionar con ira, y el padre le dice que por cada vez que reaccione con ira clave un clavo detrás de su puerta y cuando logre controlarla que retire un clavo de los que ya había clavado.
En un principio no tenía mucho auto-control así que llegó a clavar un buen número, pero con el paso de los días la iba controlando más y más, hasta que ya los había retirado todos.
Orgulloso lleva a su padre detrás de la puerta y le muestra que había logrado controlarse tanto que ya no tenía más clavos en su puerta.
El padre le expresa lo orgulloso que se siente de él, pero le dice que la verdadera enseñanza era la que le iba a dar en ese momento, la cual era:
Si miras, la puerta ya no es como antes. Por la cantidad de agujeros había perdido en gran parte su belleza y no volvería a ser jamás lisa. Eso mismo pasa cuando actúas impulsivamente y airado. Haces un agujero en el corazón, tanto en el tuyo como el del prójimo, y jamás vuelve a ser el mismo.
Controlar la ira cuidará nuestra salud, nuestro corazón, el corazón de tu prójimo y nuestra relación con ellos. Así que los beneficios son invaluables.