Esto me da alegría y me llena de nostalgia a la vez. Alegría porque muchos no lograron llegar hasta donde estoy hoy, nostalgia porque hay caminos que para este tiempo imaginé haber transitado y no estoy ni cerca de iniciar ese trayecto.
Y es que la vida no es un sendero en línea recta, sino que como cauce de río va tomando curvaturas y retornos. Así que debemos saber cómo empujar para llegar al mar, si forzamos demasiado podremos romper el cauce y eventualmente perder el rumbo que nos lleve a desembocar al mar. Si por el contrario dejamos que pase el tiempo sin hacer esfuerzo alguno, terminaremos siendo un lago que nunca llegó más lejos que los límites que se le impusieron, jamás habremos salido de nuestra zona de confort y únicamente nos sentiremos abundantes cuando nuestra orilla aumente por las lluvias continuas, pero también miserables cuando nos azote la sequía.
Entonces, mi reloj biológico me dice que mi tiempo se agota y que, no importando si me quede mucho o poco, es hora de hacer lo que debo hacer.
Pero al esbozar todas esas ideas progresistas me embiste la rutina para hacerme saber que ya tengo todo mi tiempo ocupado, que aún el porvenir está ocupado, que ni piense que ella va a cargar con todo aquello que ando determinando poner sobre sus hombros.
Por un momento bajo mi cabeza, perdido en mi conciente vacío que busca solución en ningún lugar...
¡Qué disyuntiva! La constante pelea entre el deseo de reinventarnos y el miedo que nos infunde la rutina al tratar de dejarla atrás.
Nunca podremos abandonar la rutina, es parte intrínceca de nuestro ser, hay cosas que debemos repetir día tras día para asegurar nuestro bienestar y longevidad, y si nos acomodamos a ella terminará por estancarnos que es la forma más común y peligrosa de decrecer. Nos destruirá.
"Si no estás creciendo, estás decreciendo." ¿Has escuchado esta frase? Es real.
Si tuviste la gallardía y la entereza de no rendirte ante los recobecos por los que divagó mi mente y seguiste leyendo hasta aquí. Por favor:
-Haz cambios en tu vida hoy. Los mereces. Los necesitas.
-Róbale terreno a la rutina que se gasta tu vida con actividades que consumen increíble cantidad de horas y a cambio retornan resultados ínfimos. Tu vida vale todo. Es tu única posesión.
-Hacer lo que odias es el camino más corto para descubrir lo que amas. Si no sabes cuál es tu propósito, al menos ya sabes lo que tienes que hacer para encontrarlo, pues mientras haces lo que odias, tu mente soñará con aquello que verdaderamente desea hacer.
Y por último, sé feliz. Tú y sólo tú habrás transitado el camino que te llevó hasta donde estás. Tienes tiempo de empujar fuerte, tienes tiempo de enmendar tus errores.
Es lo que haré yo.
Un abrazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario