“Qué haces tú leyendo la Biblia,
eso es para ignorantes, gente de mente
cerrada y poco raciocinio, gente sin oficio…”, “un hombre inteligente y
profesional leyendo Biblia...” cosas como estas me han dicho algunos colegas y
uno que otro compañero laboral, abunda en la sociedad la idea de que quien lee
la Biblia, o tiene poco oficio, o es de pensamiento poco intelectual. Los
medios promueven constantemente el concepto de que ciencia y Biblia son
contrarios y que los hombres de ciencia o letras no son hombres, ni de fe, ni
de Biblia.
Recuerdo que cuando estaba pequeño alguien me señaló un hombre con ciertos problemas mentales y la razón de su locura, según me contaron, era nada más y nada menos porque leyó la Biblia más de una vez. Ante semejantes ataques y paradigmas no es de extrañar que más de uno sienta vergüenza al decir que la lee y lo que es peor, el hecho de que la Biblia sea ignorada y “tenida por cosa extraña” ¹
Ante todo esto, es válido preguntar, ¿son estos conceptos reales, es la Biblia para gente de poco intelecto? ¿Qué clase de gente ocupa su tiempo leyendo la Biblia y qué clase de gente “pierde” su tiempo leyéndola?
Creo que los que promueven la idea de “la Biblia sólo la leen ignorantes” están más perdidos que Adán en el día de la madre, pena por la sociedad cuyos ciudadanos leen poco y opinan mucho, tantos conceptos emitidos por mentes superficiales y que se promueven como ciencia, pero que ignoran la historia, esos que profesan ser sabios desconocen que las bases de la ciencia fue puesta por gente profundamente creyente; quienes establecieron los pilares del cálculo, física, química, genética, fue gente que creía en un Dios creador y lectores de la Biblia.
Sorprenderá a muchos saber que más de la mitad de la obra manuscrita de Isaac Newton, considerado el padre de la ciencia moderna y quizás el genio más sobresaliente de los que han pisado la tierra, versaba sobre teología y religión. Era un apasionado teólogo e intérprete de los textos bíblicos, que contenían, según él, las leyes secretas de Dios sobre el universo.
Algunos datos reveladores que se pueden citar son, por ejemplo, que de las cerca de tres millones de palabras que Newton escribió en sus manuscritos inéditos, más de la mitad tratan temas de teología, un tercio versa sobre matemáticas, filosofía natural y química, y por último, más de un sexto, toca temas de alquimia, de todos los volúmenes de su biblioteca personal , la tercera parte corresponden a libros de teología², no es de extrañar que el principio que preside su obra maestra, “Principia”, comience así: “el Ser de un Dios o Espíritu, eterno, omnisciente, omnipresente...” podría decirse según estos datos que Newton era más teólogo que científico.
Tiempo me falta para hablar de otros, entre ellos: Mendel, Pasteur, Pascal, Copérnico, Descartes, Kepler y la lista sigue…
Si los genios, científicos e intelectuales a quienes debemos la ciencia y muchos descubrimientos fueron asiduos lectores de la Biblia, pregunto. ¿Dónde está la ignorancia? Creo que está en aquellos que desconocen estas cosas y juzgan el libro sin siquiera escudriñarlo; sólo los ignorantes la rechazan, de leerlo, sabrían que “las cosas creadas revelan al Creador” y que este principio fue el motor por el cual vivieron dichos genios de la humanidad, y, conocerle a Él era el propósito de ellos; es que cualquiera que lee la Biblia queriendo conocer a Dios, desarrollará profundidad de pensamiento, sabiduría e intelecto, nadie la lee en vano.
Siendo esto así, recuerdo una canción que dice “¿Cómo ha conseguido el enemigo robarnos el terreno?”³; Si las ciencias, fueron desarrolladas por gente de Biblia. ¿Qué ha pasado hoy día?... Creo que el descuido de la Biblia por parte de los mismos hijos de Dios tiene mucho que ver, pocos son los que se dedican a estudiarla, esto trajo como consecuencia desconocer el corazón de Dios y por ende, de su propósito integral.
Como consecuencia de lo primero, ignoramos que al Señor hay que amarle también con toda nuestra mente (intelecto) y no solo con el corazón (emociones), y que, en desarrollar ambas cosas debemos poner todas nuestras fuerzas, para darle a conocer en los diferentes medios en que nos desarrollemos; todo talento en nuestro ser debe trabajar para dar a conocer a ese Dios, y esforzarse en el día a día en este propósito.
Una vida que estudia la Biblia y ama al Señor, sabrá usar el libro no sólo como una espada, sino como un espejo, pero por sobre todo tendrá presente que es una carta de amor.
Johvanny González.
¹ Oseas 8:12
³
Cristianos-Marcos Vidal
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