martes, 15 de noviembre de 2016

Es necesario que hoy pose yo en tu casa.

Historia basada en el extracto de Lucas 19:1-10.


Como nota aclaratoria: Los publicanos eran las personas encargadas de colectar los impuestos en las ciudades que conquistaba el imperio romano, compraban esos derechos, y por lo tanto poseían una especie de autoridad gubernamental y eran reconocidos por todos y, como era de esperarse, poseían una alta tasa de rechazo. Su autoridad y posición a menudo le daba acceso a doblar un poco las reglas o establecer negocios o prebendas para enriquecerse de manera ilícita. Manejaban poder y riquezas a su antojo.

Dicho esto, aquí les comienzo la historia de Zaqueo, jefe de los publicanos en Jericó.

-¡Señor, señor!  El joven mano derecha de Zaqueo entra corriendo a sus oficinas mientras sigue llamándolo a viva voz todo el camino.
-¡Señor!

-Tadeo ¿A qué viene tal sobresalto? Venir corriendo y abordarme de esa manera. ¡¿Es que a caso me quieres matar del corazón?! Responde enojado Zaqueo.

-Lo siento mucho mi señor, es que acabo de enterarme de una noticia que le placerá mucho escuchar cuanto antes.

-No me digas que hemos aumentado las recaudaciones. Contesta Zaqueo con el pecho inflado y una sonrisa. Luego, una pausa y se enciende en furia su rostro. -O es que encontraste a ese moroso que huyó. ¡Quiero azotarle en la plaza pública por evasión de impuestos!

A lo que Tadeo responde ya sosegado.
-Señor, pero si ya usted se adueñó de todos los negocios y propiedades que él poseía, tal vez sea más que suficiente, y si no... ¿Cómo habrá de pagarle si no le queda nada?

-¡NO ES MI PROBLEMA! Grita enfurecido Zaqueo. -Y ya no me hagas comer más ansias, dime qué es tan importante que debo saber de inmediato, antes de que se calcinen mis vísceras. Luego murmura.
-Juro por el Cesar que este chico un día me matará.

-Mi señor, ¿Recuerda aquel maestro del que siempre hablamos? ¡Jesús! Está entrando en Jericó. ¿Quiere que mande a llamarle para que coma con usted?

-¡Jesús! Se para de su gran escritorio de un salto. -No Tadeo, no soy digno de que un hombre como él pose en mi casa, pero cómo ansío verle... Su mente hilaba mil pensamientos rápidos. -Iré a su encuentro, tal vez pueda mirarle a la distancia.

-Mi señor. Con voz jocosa y relajada replica Tadeo -Anda con una multitud que le rodea y es muy difícil de verle o acercarse... Y siendo usted tan bajito y regordete...

-¿¡Qué dices!?

-Nada señor. Responde Tadeo rápidamente con una sonrisa.

-Tienes suerte de que lleve prisa, si no te haría azotar en la plaza pública a ti también por faltarme al respeto. Comenta Zaqueo antes de salir como un bólido en busca de su deseo.

Recorre todo el camino hacia la entrada de Jericó rápidamente, pues no quería perder lo que podía ser la única oportunidad que tendría de ver aquel hombre del que tanto había hablado, del que tantas historias había escuchado de Tadeo que le había visto hacer prodigios y milagros, del que tantas enseñanzas sabias provenían.

Llegado al lugar, se da cuenta de que no puede pasar porque la multitud es grande y se aprietan unos con otros. -¿Qué haré? Quiero verle. piensa para sí. -Ya sé, me subiré en el sicomoro que vi más allá, de esa manera lo podré ver, pues tiene una rama justo encima del camino. Y salió corriendo a ejecutar su plan.

-¡Allá viene! Puedo verle. ¡PUEDO VERLE! Pensaba para sí emocionado.

Al pasar debajo de aquel árbol Jesús le habla. 
-Zaqueo, deciende que hoy posaré en tu casa.

-Maestro. replica Zaqueo aún en el árbol.
-No soy digno de que entres en mi casa.

-Zaqueo. Insiste Jesús. -Ven, date prisa, deciende que es necesario que hoy pose yo en tu casa.

De un salto deciende Zaqueo de aquel árbol y manda a preparar banquete y morada para Jesús. Muchas horas pasaron en conversaciones con el maestro, Zaqueo preguntaba, Jesús respondía. Hablaron de todo... Pero a los demás no les pareció correcto que posara en casa de Zaqueo, un hombre pacador, engañador, traidor, embustero, ladrón y muchas otras cosas. Y murmuraban sin saber que Jesús ejecutaba otro milagro al cambiar el corazón de aquel hombre.

Llegado el fin de la velada Zaqueo, puesto en pié dice: -Señor, daré la mitad de mis bienes para ayudar a los pobres, y a los que he engañado, se los devolveré cuadruplicado.

Entonces, Jesús puesto de pié dice a todos los presentes: -Hoy ha llegado la salvación a esta casa; por cuanto él también es Hijo de Abraham. Porque el hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

***

La biblia no registra cuánto tiempo  posó Jesús en casa de Zaqueo, pero de lo que estoy seguro es que sólo necesitó de que Zaqueo lo recibiera para cambiarlo. Igual que a ti, sólo necesita que le abras la puerta para entrar a cambiarte, no importa quien seas, ni tu estado, ni lo que los demás piensen de ti. Eres parte de la misma simiente y Él desea transformarte, reconectarte a la vid que te dió vida, Él desea regalarte la salvación.

Inclina tu rostro y pide a Dios que entre a tu corazón y que pose allí, di que le necesitas y que hoy quieres ser distinto, que quieres ser salvo.

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